Homenaje a unos moteros
12/12/13 01:58 (Opinión sin spoilers.)
Yo de la serie ésta no sabía apenas nada. Me habían llegado sirenas de que era una historia de moteros y poco más. Extremadamente violenta, eso sí lo sabía, una de las razones por las cuáles, aparentemente, estaba vetada de cara a la crítica y los premios. Una serie de la que se hablaba poco en las webs que leía, o relativamente poco si tenemos en cuenta su longevidad. Una serie, según muchos, distinta.

Si es que menuda panda.

Complejidad, sí, es lo que lleva a que unos personajes que roban, matan, extorsionan, son altamente violentos y tienen un más que dudoso gusto por las prostitutas y las drogas, acaben conectando completamente con el espectador. Los Sons dicen tener cierto código moral, intentan mantener sus turbios negocios fuera de su pueblo, no le ponen la mano encima a un inocente si pueden evitarlo, no inician guerras si otro no lo hace primero... Pero acaban cometiendo casi tantas barbaridades como sus rivales, y a veces uno no sabe si los odia, los ama, o los odia y los ama al mismo tiempo.

Hoy que ha acabado la sexta temporada de una forma literalmente brutal, he sentido la necesidad de lanzar mi pequeño homenaje a Sons of Anarchy. Porque, hastiada como estoy de esas series que empiezan como mucha energía y acaban cayendo en el mismo ejercicio de monotonía y cobardía -Lost, House, Dexter- el coraje que transmite SoA, como serie, me parece tremendo. Su violencia, no sólo visual, sino al tratar sin ambages ciertos temas escabrosos, forma sencillamente parte de su encanto. Aunque hay escenas que son (muy) difíciles de ver, es eso lo que me ha hecho quererla tanto.
SoA es un ejercicio de creación y de afirmación; SoA no busca agradar a nadie, ni siquiera a sus propios fans. SoA sólo busca contar una historia. Y señores, es una historia absolutamente maravillosa.
Yo de la serie ésta no sabía apenas nada. Me habían llegado sirenas de que era una historia de moteros y poco más. Extremadamente violenta, eso sí lo sabía, una de las razones por las cuáles, aparentemente, estaba vetada de cara a la crítica y los premios. Una serie de la que se hablaba poco en las webs que leía, o relativamente poco si tenemos en cuenta su longevidad. Una serie, según muchos, distinta.
Daba la casualidad que ya entonces estaba empezando mi desamor por Dexter, y que ya había descubierto que Homeland, que me habían vendido como la quintaesencia de las series, era la típica historia previsible de buenos y malos, muy apta para el alivio moral yanqui. Decidí darle una oportunidad a SoA pues, y lo primero que vi fui a un melenas rubio comprando condones con cara de cretino integral y un horrible opening. La verdad sea dicha, no pudo empezar peor.

Si es que menuda panda.
Seis temporadas después (que me he zampado en medio año) estoy tan enganchada a Sons of Anarchy que siento la necesidad de escribir por qué.
Empecemos. SoA no es para todos los públicos. No, no quiero decir que tenga sexo -lo tiene- ni violencia -que también-. Juego de Tronos tiene violencia y sexo, y es perfectamente apto para cualquiera que quiera presumir de seguir la serie de moda. SoA tiene todos los ingredientes para no ser jamás la serie de moda, y en parte es eso lo que le da su atractivo. Porque es una historia de una pandilla de moteros donde todos son héroes y villanos a la vez.
Sons of Anarchy es el nombre que recibe un MC (Motor Club, especie de tribu sobre ruedas que se rige por sus propias reglas, con sus especiales códigos y estilo de vida) que tiene conexiones con la droga, la venta de armas y hasta con una facción del IRA. Reconozco que la primera vez que el opening pasó ante mis ojos pensé que acabaría hartándome de ver carreras de Harleys, barbacoas y exaltación del american way of life ese. Error. Ninguno de los protagonistas de SoA encaja en la imagen de hombre típico americano, y probablemente pocos tendrían cabida en cualquier otra serie.
Está Clay, el jefe autoritario que mueve los hilos. Está Chibs, que es ese tío leal que siempre aparece para protegerte de quien sea, incluido -sobre todo- de ti mismo. Está Tig, que tiene unos gustos sexuales un tanto extraños. Juice, demasiado sensible para llevar la vida que lleva, con un cóctel explosivo dentro de su cabeza tatuada. Bobby, quizá el tío más normal, y es el típico motero entrado en carne y en años, con una barba que le llega al ombligo y un corazón que no le cabe en el pecho. Y Jax -el de los condones- que empieza la serie siendo un tolai guaperas y acaba la sexta temporada echando unas miradas de odio capaces de dejar parado en el sitio a José Mourinho.
Y está sobre todo Gemma, un personaje al que es imposible odiar del todo, pero aún más imposible amar incondicionalmente: la madre de Jax, esposa de Clay -su padrastro- y madre en realidad de todo el club. Gemma es la matriarca inexorable que lo quiere tener todo bajo su control, pero también es el ancla que surge siempre que alguno de los rudos moteros necesitan que una mujer coja las riendas y cuide de ellos.
A ese núcleo hay que añadir multitud de personajes, tanto dentro del club como fuera, enemigos y amigos, incluso integrantes de bandas rivales, que poco a poco van ganando su cuota de pantalla y su complejidad. Porque complejidad es la palabra que caracteriza a los personajes de SoA. Desde el jefe del club hasta el sheriff, todos tienen más capas que una cebolla, y a lo largo de estas seis temporadas las van enseñando, una a una, de forma magistral.

Complejidad, sí, es lo que lleva a que unos personajes que roban, matan, extorsionan, son altamente violentos y tienen un más que dudoso gusto por las prostitutas y las drogas, acaben conectando completamente con el espectador. Los Sons dicen tener cierto código moral, intentan mantener sus turbios negocios fuera de su pueblo, no le ponen la mano encima a un inocente si pueden evitarlo, no inician guerras si otro no lo hace primero... Pero acaban cometiendo casi tantas barbaridades como sus rivales, y a veces uno no sabe si los odia, los ama, o los odia y los ama al mismo tiempo.
En el fondo, cada uno de los Sons tiene una o más características que, más allá del chaleco de cuero y del Reaper pegado a la espalda, trasciende al espectador. La lucha de Jax por honrar las ideas de su fallecido padre. La -a pesar de todo- genuina preocupación de padrastro de Clay. El amor materno, tan infinito como dañino, de Gemma. La fidelidad de Bobby al club. La frágil cordura de Juice.
Pero si algo me maravilla de esta serie es lo impecable de su guión. En SoA no hay apenas escenas de relleno, ni capítulos aburridos, ni temporadas que habría sido mejor no ver. Cada capítulo de SoA es como un golpe al estómago, inesperado, contundente y brutal. Me vi las primeras cinco temporadas del tirón, y por primera vez una serie -y he visto muchas- tuvo la virtud de no aburrirme ni en un solo capítulo. No aprecié cabos sueltos, ni tramas que sobraran. Nada sobra en SoA. Todo se va tejiendo, con un hilo a veces finísimo, en aras de un más que meditado final.
En SoA no hay miedo a hacer lo que se deba de hacer. No la tienen los Sons, no la tienen tampoco los guionistas. Lo que tanto me decepcionó en Dexter -que sus guionistas no fueran capaces de escoger el camino valiente, el difícil de digerir pero el que habría hecho remontar una serie que en alguna temporada rozó lo sublime- es lo que me ha encantado de SoA. Si para mantener la coherencia de la trama, un personaje principal tiene que morir en un capítulo de medias de alguna temporada, va y se muere. Ese detalle tan sencillo hace que nunca te esperes lo que va a suceder. Porque en Sons of Anarchy nadie es intocable. Y cuando en otras series ya sabes que alguien aparecerá en en el último momento para salvar al bueno, en SoA te mantienes expectante hasta el mismo instante en el que el Reaper blanco sobre fondo negro pone punto y final al capítulo.

Hoy que ha acabado la sexta temporada de una forma literalmente brutal, he sentido la necesidad de lanzar mi pequeño homenaje a Sons of Anarchy. Porque, hastiada como estoy de esas series que empiezan como mucha energía y acaban cayendo en el mismo ejercicio de monotonía y cobardía -Lost, House, Dexter- el coraje que transmite SoA, como serie, me parece tremendo. Su violencia, no sólo visual, sino al tratar sin ambages ciertos temas escabrosos, forma sencillamente parte de su encanto. Aunque hay escenas que son (muy) difíciles de ver, es eso lo que me ha hecho quererla tanto.
SoA es un ejercicio de creación y de afirmación; SoA no busca agradar a nadie, ni siquiera a sus propios fans. SoA sólo busca contar una historia. Y señores, es una historia absolutamente maravillosa.