El otro día me ocurrió algo verdaderamente insólito: recibí un comentario en Archive of our own. Ése no es en sí el hecho insólito -bueno, sí- sino el contenido. Una lectora, una buena lectora, de esas pocas que se acumulan a lo largo de muchos años publicando en diversas webs, comentaba un fic que actualmente -y sin estar terminado- ya supera ampliamente las mil páginas y me aseguraba que, no importaba las partes o los spin-offs que tuviera, los leería. Así tal cual.
Después de llorar emocionada abrazada a mi peluche Pablo -el unicornio gay- me puse a reflexionar.
¿A qué punto hemos llegado en el que nos sorprende que una lectora a) lea; b) salga de las sombras para avisar que está leyendo; c) quiera leer más?
Hace ya tres o cuatro años escribí un artículo para Intruders titulado "Sobre la decadencia del fanfiction". En él describía una situación que entonces me parecía penosa, y lo hacía en mi doble vertiente de escritora de fics que leían/comentaban unas 10 personas y administradora de una comunidad activa de Livejournal donde se publicaba al menos un fic al día.
En aquel artículo señalaba a varios culpables: la moda del drabble, el hecho de habernos mudado de plataformas como Fanfiction.net a comunidades de LJ donde nos leían cuatro gatos, y la endogamia que ello provocaba, y que hacía que al final siempre te leyeran las mismas de siempre. No llegaban nuevos lectores, ni aparecía gente que no te conociera de nada y a la que le daba igual criticarte o no. No había apenas personas que estuvieran dispuestas a perder el tiempo leyendo un fic de cien páginas o más. Ello provocaba una drástica reducción de la calidad, donde los fics bien estructurados acababan dando paso a las viñetitas de 500 caracteres que recibían exactamente los mismos insulsos comentarios -o más-.
Cuatro años después de una visión que entonces me pareció apocalíptica, mi comunidad de LJ murió por culpa de la misma endogamia que yo denunciaba, víctima de la falta de feedback y participación que provocó una absoluta desgana en las administradoras, y que se acabó llevando por delante proyectos realmente buenos en los que invertimos bastante tiempo (véase, a quien le suene, Grada Roja). Y yo ahora me dedico a escribir páginas y páginas de fics concienzudamente planificados que se leen, literalmente, cuatro personas. Y dos de ellas son mis betas. Podría ser un caso aislado porque lo que yo escribo no es precisamente mainstream, pero me sé de otras historias que dejaron de actualizarse por la absoluta falta de respuesta.
Hace unas dos semanas me llegó un e-mail que me hizo viajar al pasado. Alguien había contactado por e-mail conmigo para pedirme permiso y recopilar en pdf mi historia Lucharé a tu lado. LATL fue mi primer historia Drarry y probablemente uno de los fics más mediocres que he escrito; se publicó en 2006. Casi ocho años después me aparece alguien pidiéndome permiso para recopilarla, ¿sería eso posible con las historias que estoy publicando hoy? Pues no creo.
Pero sigamos con el Drarry. Mi historia más aclamada de este fandom es la inconclusa Fidelio; hoy miro los datos de Fidelio y me parecen absolutamente abrumadores: 277.895 palabras, 27 capítulos y -ojo- ¡609 reviews! Eso hace una media de 22 comentarios por capítulo. 22 comentarios por capítulo para una autora que nunca fue considerada de primera fila en el fandom. Ahora imaginad la brutalidad de comentarios que debían recibir las escritoras consagradas. Para llorar.
Hace más de dos años empecé el que como escritora había sido, hasta la fecha, mi proyecto más ambicioso: Compañeros de equipo. Invertí en ese fic horas de un tiempo que no me sobraba y -lo que más me fastidia de todo- horas de un tiempo que no les sobraba a las personas que lo corregían. Al principio no tuvo mala acogida, pero poco a poco el número de comentarios fue menguando hasta que tocó fondo con tres y a veces dos reviews por capítulo. Puesto que como escritora no había empeorado, la conclusión que saqué fue clara: la gente ya no quería leer historias largas. O si las leía, no quería perder ni un segundo en dejar un comentario.
Siempre he sido bastante tajante con esto: el único pago de un escritor de fics es el feedback, y no me valen excusas para no dejar un simple comentario tres líneas en un capítulo en el que alguien ha invertido como mínimo una hora. Sólo quien ha estado en esa situación -es decir: sólo quien escribe- sabe lo desalentador que es darle al botón de publicar o enviar un e-mail, ver que pasan las horas y que nadie te dice absolutamente nada. Llevada por esa idea, me atreví a dejar una advertencia a mis lectores: o me demostraban que había gente ahí, o dejaría de invertir tanto tiempo, no sólo en escribir, sino en corregir y publicar los capítulos de CDE. Como a los pocos meses se volvió a la misma situación de siempre, dicho y hecho: una historia que había planificado con bastante empeño se acabó quedando en el limbo, sencillamente, porque no me reportaba ninguna satisfacción.
Puede que haya quien, aun sin un triste comentario, hubiera seguido escribiendo, corriendo y publicando. Perfecto. Yo no. A mí me gusta escribir, pero odio corregir, aborrezco crear líneas temporales y cotejar fechas, edades y acontecimientos. Me gusta escribir pero también me gusta leer, ver series o sencillamente no hacer nada. Me gusta escribir pero nunca estuve al servicio de esas personas que dijeron lamentarse cuando dejé de publicar CDE cuando jamás dejaron un comentario. Me gusta escribir pero no soy una máquina de escribir fics, y eso es lo que aparentemente muchos lectores no entendieron jamás.
¿Y ahora? Escribo lo que me gusta y lo que me da la gana, y hace meses que dejé de preocuparme por si era publicable o no. El día que deje de divertirme la historia que tengo entre manos, dejaré de escribirla. El día que no tenga satisfacciones por lo que hago, me engancharé a una nueva serie.
Y es una pena, porque creo que el mundo del fanfiction podría haber dado, no sólo a mí sino a muchos escritores más, mucho, muchísimo más.
Es una pena, porque recuerdo cuando yo misma descubrí el Drarry, enganchándome por ejemplo al maravilloso "Sólo vivir" de Livia. Y en la vida se me hubiera ocurrido pensar que el fic era demasiado largo porque, entonces, cuanto más largo, más capítulos y más horas te tuviera sumergida en una historia completamente nueva, mejor.
Actualmente me pateo el fandom guiri de una serie de poca montas en busca de algún fic, slash o incluso het -hasta ahí hemos llegado-, que llevarme al ebook. El panorama es desolador como ya predije que sería, con historias que en muy pocos casos superan las 1000 palabras y mayoría de drabbles que ni alcanzan las 500. La siguiente imagen es autoexplicativa:


Un asco de fanfiction, señores. Eso sí, el fanfiction que nosotros quisimos, nosotros creamos, y nosotros propiciamos.
Y cada vez menos recuerdo que hubo una época en la que, cada vez que iba al cibercafé de mi pueblo a publicar otro capítulo de Fidelio, me encontraba en el correo una veintena de comentarios de la entrega anterior. Aunque comentarios como el de la maravillosa lectora con el que he iniciado esta entrada me hagan recordarlo.
Tags: